Mordake o la condición infame

¿El hombre y la mujer son algo más que un disfraz el uno para el otro? ¿En qué lugar se produce la conexión de las almas? ¿En qué lugar del cerebro o en qué lugar de la piel? ¿Cómo ve el hombre a la mujer? ¿Cómo ve la mujer al hombre? ¿La mirada masculina y femenina podrían fundirse en una única mirada tan sombría como luminosa? ¿Qué le ocurriría a un ser cuyo cuerpo fuese el campo de batalla donde se enfrentan las dos caras de la moneda humana? ¿Qué le ocurriría a un ser que fuese un hombre manifiesto y a la vez una mujer secreta que desde la oscuridad interpreta las más alucinantes canciones de amor?

La novela de Irene Gracia puede verse como una narración apasionada y despiadada sobre la condición masculina y la femenina, pero también como un concierto barroco en el que dos voces entrelazan sus cadencias en un remolino de preguntas y respuestas que sólo quieren iluminar la cara oscura de la conciencia, la cara no nombrada, no conocida: la cara infame “o no tocada por la fama”.

Dueña de una paleta expresionista, ya perceptible en su primera novela, Irene Gracia configura un mundo contrastado, lírico y violento donde sus personajes se mueven como seres de luz y seres de sombra, de cuyas bocas se desprenden las más sensuales y letales revelaciones.

En Mordake o la condición infame, asistimos desde el principio a la “doble vida” de un hombre que tuvo la gracia y la desgracia de llevar en la parte posterior de su cabeza algo más que los otros: una mirada, una voz, un temblor y una conciencia.

Mordake no sólo tiene dos voces, tiene también dos conciencias y dos formas de asumir la vida, pero ni está loco ni es un monstruo. Su único pecado es no reconocer hasta el final que llevaba dentro de él la plenitud del ser: la cara y la cruz de la condición humana, de la condición partida, de la condición sexual, fundamentada en la dualidad.

Siguiendo el trazo de escritoras como Djuna Barnes o Violette Leduc, que fueron auténticos animales de fondo a la búsqueda de una escritura verdaderamente reveladora de lo que somos y de lo que no somos, Irene Gracia ha tejido una narración fulgurante e insólita por su forma, su contenido, y las muy violentas e íntimas emociones que pone en juego.

El poder de absorción que tiene esta narración es impresionante, y no hay lector que al llegar a las última páginas no se crea Mordake y no sienta la tentación de echarse las manos a la cabeza.

“Irene Gracia ha ideado un libro lleno de literatura, no sólo porque se nutre de ella, sino porque invita a pensar en algunos de los grandes enigmas de la vida.”

J. Ernesto Ayala-Dip, EL PAÍS

“Uno de los más finos trabajos de la literatura reciente consigue convertir la bella piedra hallada en una auténtica joya que hay que leer inmediatamente.”

Joaquín Lledó, ÁLBUM LETRAS Y ARTES

“Una escritora imaginativa, capaz de cuidar el fondo y la forma de un discurso, de marcarse nuevos y singulares retos en un estilo que sintetiza su buen hacer narrativo.”

Pilar Castro, EL MUNDO

“Continuación y prolongación a la vez que ahondamiento de un mundo singular, un verdadero mundo de escritor, que no brota de una topografía externa, sea ésta real o ficticia, sino de un fondo interior -alma, psique- tan enigmático y sugerente como perturbadoramente bello.”

Ana Rodríguez Fischer, ABC

“Narración simbólica sobre la dualidad sentida como enfrentamiento y desgarro desde la confrontación de dos espejos complementarios. Una hermosa y acertada metáfora sobre los peligros y las delicias que están al otro lado de nuestro propio espejo, como supieron Carroll y Borges.”

Joaquín Arnáiz, LA RAZÓN

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