Hijas de la noche en llamas

En una prematura y triste noche de mi vida, en la que todo ardía a mi alrededor lenta e irreversiblemente, encontré en mí la memoria, toda la memoria, de las hijas de la noche en llamas.

Miradas que brillaban como si a ellas llegase un fuego que sólo ellas veían y que sólo podía reflejarse en sus pupilas. Mentes que albergaban un secreto difícil de digerir.

Yo recibí ese fuego en un momento en que me creía abandonada por todos los fuegos, también por el fuego de la vida, y aún ahora mismo, lo sigo recibiendo. Es el mejor narcótico que he conocido, pues está elaborado con la materia de la vida, y por lo mismo es el mejor estimulante.

Mientras intento no descomponerme más, no pensar más en lo inminente, recuerdo a un hombre ardiendo en un hangar, un hombre ardiendo en medio de la noche. Igual, querida Eva, todos somos ese cuerpo ardiendo en medio de la noche, desde el instante mismo en que nacemos. Ardiendo de deseo y ardiendo contra el deseo…

(De Hijas de la noche en llamas, Capítulo 1)

“Irene Gracia nos entrega una novela singularísima y estremecedora, intensa, sugerente, repleta de resonancias; un relato turbador, inquietante y abisal, como las tres hijas de la noche en llamas que lo protagonizan.”

Ana Rodríguez Fischer, ABC


“Una novela demoledora, bella, muy turbadoramente bella, con ese don para trascender que pocos artistas tienen.”

Luis de la Peña, EL PAÍS

“En esta nueva entrega, Irene Gracia confirma el atractivo, flexibilidad e intuición de su proyecto literario, para -desde una labor personal- construir una novela sugerente, sensible y positivamente visionada”

LEER

“Tras su asombrosa -por lo magnífica- primera entrega Fiebre para siempre, empieza a perfilar eso que suele denominarse “mundo narrativo” y que en realidad consiste en el estilo, carácter y visión del mundo de un escritor.”

Alejandro Gándara, La Modificación

Las tres voces furiosas que tejen esta narración son las de tres hermanas que se acercaron tanto al espejo de la fábula que en realidad lo atravesaron, y encarnan, cada una a su manera, dualidades muy amargas, pulsiones muy poderosas de las que no son culpables y que no dudan en apurar hasta el último momento. Al final el lector cae en la cuenta de que buena parte de la novela se ha desarrollado al otro lado del espejo, casi al otro lado de la conciencia, en las profundidades más líquidas y rumorosas del deseo y la memoria. Siguiendo la tradición del expresionismo lírico de Djuna Barnes y Violette Leduc, Irene Gracia, que sorprendió a los lectores más advertidos con su primera novela, Fiebre para siempre, vuelve en Hijas de la noche en llamas a tejer una historia llena de fulminantes revelaciones que se van sucediendo ininterrumpidamente desde la primera página, de la mano de tres personajes tan turbadores como infrecuentes en la novela del presente.

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