Fiebre para siempre

Portada original

Siempre que pienso en él su fantasma viene después a visitarme, y ya no le rehuyo como antes, y hablo con él sin prisas y sin miedo. El hecho de que sólo podamos encontrarnos en sueños me obliga a pensar que también antes -siempre- el sueño fue nuestro único lugar de encuentro. Por haberlo evocado de nuevo, sé que esta noche irrumpirá en mis pesadillas…  Yo fui la primera en ver en él algo que los demás no veían, y la última en aceptarlo. Por eso ya era demasiado tarde cuando descubrí en su mirada aquel brillo fatal en el que tan endiabladamente se mezclaban el desprecio y el reproche.  Dentro de una hora o dos, cuando cierre los ojos, veré una encrucijada de la que surgen muchos túneles… <<Cuidado!- me advertirá su voz-, algunos de esos túneles son agujeros negros que conducen a sueños ajenos, a cuerpos ajenos, a mundos ajenos…>> Después me veré en medio de un ring vacío que se alza en el centro de un pabellón vacío. Me rodearán las penumbras y él aparecerá al fondo. Su rostro brillará unos instantes bajo la luz de un foco… Volveremos a despedirnos en aquel lugar sin nombre hasta el que llega un sordo rumor de hombres y gongs, y él volverá a gritar una palabra, su palabra… Me despertaré sudando y volverán a mí los años idos, en bloque y como arrastrados por un viento asesino.

(De Fiebre para siempre, Capítulo 1)

“Irene Gracia rompe su primera lanza, llena de vida, llena de fiebre, con una novela llena de imágenes intensas”

Nuria Barrios, EL PAÍS

“Más que una narradora al uso, Irene Gracia es una artista que sabe plasmar su notable trasfondo onírico sobre cualquier superficie. […] Como en sus mejores cuadros, Irene Gracia ha sabido mostrarnos con poesía de tonos malva que el Paraíso Perdido sólo es un Infierno perpetuamente recobrado.”

Miguel Dalmau, LATERAL

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