Ondina elegida “Libro de la semana” en La opinión de Murcia. Crítica por Antonio. J. Ubero.

LA OPINIÓN, sábado, 20 de mayo, 2017

EL LIBRO DE LA SEMANA / Novela Por Antonio. J. Ubero.

Irene Gracia. Esplendor romántico

 

Este es uno de esos libros difícil de clasificar, porque es una novela y también una colección de relatos. Un tronco argumental del que brotan ramas poderosas cubiertas por el sutil follaje de la narrativa de una Irene Gracia sublime, que desata el romanticismo con un bellísimo lenguaje y una estética arrebatadora.

EL 3 DE AGOSTO DE 1816 SE ESTRENÓ LA PRIMERA OPERA ROMÁNTICA. Se trató de Ondina, escrita por Friedrich de la Motte, barón Fouqué, y compuesta por el polifacético Ernst Theodor Amadeus Hoffmann; la protagonista habría de ser Johanna Eunicke, famosa en aquella época por su arrebatadora voz, y por lo visto no se escatimó en gastos consiguiendo un espectáculo extraordinario que cosechó un éxito rotundo entre el público berlinés. Todo fue bien hasta que en la representación número trece, alguien acercó una llama al escenario y el Teatro real de Berlín ardió por los cuatro costados. La compañía, los músicos y los autores lograron salvar la vida, y para celebrarlo organizaron un opíparo banquete en un lujoso salón del hotel Paraíso. Allí, entre los efusivos brindis por la vida se ocultaba la intención de Hoffmann y Eunicke por descubrir quien provocó el incendio.

Para ello, Hoffmann propuso que cada invitado narrase un cuento, creyendo que su contenido lograría desenmascarar al pirómano. así, la que aparentemente puede parecer una novela de suspense al más puro estilo de Agatha Christie, se convierte en un torrente de emociones que recuerda más a la nutricia reunión en la villa Diodati aquel año sin verano que la otra más o menos siniestra en el caserón de la Isla del Negro. aunque algo de ambas se puede encontrar en la esplendorosa novela de Irene Gracia titulada, como no podía ser de otro modo, Ondina o la ira del fuego, en la que recoge los sucesos de aquella noche infausta sometiéndolos a un tratamiento narrativo en el realidad y ficción se mezclan, para proponer al lector una obra embrujadora que se presta a todas las lecturas que el buen gusto permita.

 

Gracia viaja así a los orígenes del romanticismo alemán, colándose, como la joven Katharina Eunicke hacía, en una particular velada serafina para indagar en la personalidad de quienes cimentaron una de las corrientes artísticas más originales de la Historia, y reivindicar de paso la trascendencia de aquella ópera maldita, origen del movimiento, y que ya nadie hoy parece o quiere recordar, concediéndole a Carl Maria von Weber el honor de ser el pionero del romanticismo con su obra El cazador furtivo.

Sin embargo, Irene Gracia mantiene que no fue así y para ello ofrece este bellísimo artefacto narrativo de elegante prosa, en el que convive la causticidad neoclásica, que prolifera en los interludios que vertebran el relato principal, y el refinamiento apasionado que envuelve los cuentos que brotan de su tallo, en los que habitan todos los elementos que hicieron del romanticismo un movimiento tan peculiar: una muñeca que comparte el alma con su dueña, seres humanos convertidos en autómatas, pianos misteriosos, la muerte enamorada, el nacimiento de un ángel, estatuas animadas, cazadores de sombras, anillos misteriosos que poseen el don de la voz perfecta…

Por los cuentos deambulan tanto personajes reales como ficticios, ciudades eternas, amores desatados, rincones sombríos y terroríficos, fantasmas y espíritus traviesos, celos, pasiones, monstruos, lugares remotos en tiempos pasados. Todos los ingredientes para reconstruir ese imaginario tan bien conducido por la autora mediante la intervención de sus criaturas, sentadas a la mesa y acechándose unos a otros en una sesión de

extraordinaria vitalidad. La cual se expresa con especial claridad en La reina de Sirgen, un cuento narrado simultáneamente por varios de los invitados a la mesa, y que demuestra el enorme talento de Irene Gracia para construir situaciones, manejar el lenguaje a su antojo, sacarle partido a estructuras complejas y alejarse de la pedantería, probando así esa honestidad que se percibe desde la primera línea de esta magnífica obra.

Ondina o la ira del fuego no debería pasar desapercibido para los lectores exigentes, que buscan esa originalidad tan esquiva en los últimos tiempos. La novela de Irene Gracia goza de esa feliz singularidad.

 

Irene Gracia

Ondina o la ira del fuego

SIRUELA

La ópera maldita

Ondina, de E.T.A. Hoffmann siempre se ha considerado como una de esas obras malditas que, curiosamente, aparece estrecha- mente relacionada con el imaginario artístico de su autor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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