Acerca de La Luna de Artemisia, la nueva novela de Ara de Haro

Muchas gracias a todos los que me acompañásteis en el coloquio de la semana pasada en la librería Rafael Alberti con Ara de Haro y Lourdes Ventura. Os dejo el texto de mi intervención:

 

La luna de Artemisia

Ara de Haro se mete en la piel de Artemisia Gentileschi para escribir su historia… ¿ O es el espíritu de la pintora quien posee a la escritora y guía su mano de médium con pulso agilísimo y verdadero?

“La luna de Artemisia” es una novela inspirada; está escrita con pinceladas precisas y purísimas. Su lectura consigue despertar nuestros sentidos y percibimos el olor, el color el tacto del tiempo en vida de la pintora – textura de óleos, pieles, pigmentos y mármoles, tierras y esmeraldas.

Artemisia nació en Roma, esa madre tiránica y magnífica, y tuvo la desgracia de perder a su verdadera madre en la infancia, marcándola con la ordalía heroica de la orfandad. Creció en  el Barroco italiano, una época tan radiante como terrible.

Y se movió en el Olimpo del Arte, en un espacio donde aún se respiraba el aliento creativo de los grandes hombres del Renacimiento, que merecen ser inmortales como los dioses.

Trató al sobrino nieto de Miguel-Angel Buonarroti, “El divino”, un artista que según Artemisia era uno de los pocos que “había hablado con Dios”.

Trató al otro Miguel-Angel, el maldito, el Caravaggio, propicio, según ella, a pactar con el Diablo.

Dice Artemisia: “al genio se le reconoce inmediatamente por la estrella que luce en su frente”. Y ella, la pintora, no sólo reconoció esa marca luminosa en la frente de hombres como Caravaggio o Galileo, Velásquez o Van Dyck, sino que la supo reconocer en sí misma desde que fue niña. Pero la escondía.

Como todos los genios sabía hacer cosas que no había hecho nunca, pero guardaba el secreto de su talento escondido en su interior. Quizás porque cuando su padre descubrió su don, le dio un tortazo que demostraba esa vieja lección que la niña ya intuía:

“El talento suscita siempre resentimiento”.

Ara de Haro conoce los colores de las pasiones.

Restaura con estudiadas veladuras la memoria de la pintora.

Abre el caso de la violación que estigmatizó el nombre de Artemisia, exponiéndola a una realidad cortante y sangrante como el color púrpura en el filo de una espada tras el crimen, la degollación de los inocentes en la nieve.

Consigue que el Juez del tiempo vuelva a juzgarla y la exculpe por ser un genio atrapado en el cuerpo de una mujer en un juicio esbozado en blanco y negro.

Resplandece con polvo de oro la época en que viajó a la Florencia de los últimos Médicis para desposarse y llamarse Artemisia Lomi. Su ingrato matrimonio le sirvió para limpiarse “el estigma de la víctima” y librarse del influjo paterno.

Al separarse de su padre nace a la libertad artística, e inicia un vida nueva con un nuevo nombre. Es su renacimiento privado. Un renacimiento singular en pleno barroco italiano.

“La luna de Artemisia” es una novela de claroscuros, de una pintora que padeció la deshonra, pero que vivió para alcanzar la gloria.

Un viaje por las aventuras y desventuras de esta mujer que tuvo el privilegio y la dificultad de vivir en el mundo de los hombres, cuando los artistas desenterraban a los ahorcados para estudiar anatomía, pero sus obras eran codiciadas por los Papas y aristócratas.

Artemisia se crió en el taller de su incestuosos padre quien le enseñó a pintar. Se mal-casó con otro pintor y el doble trato con los pintores la liberó. Y tuvo por mecenas a los nobles y hombres más grandes de Europa, donde aprendió la paradoja que la nobleza es sinónimo de corrupción.

Me parece un acierto que en esta novela, donde la heroína es una mujer, algunos de los capítulos más hermosos y generosos estén dedicados a varones, como “Enrico”, “El joven de los ojos azules” , “La Sirena”,”Noches de galerna”, “Nobles y criados” o “Amar a una máscara”. Aunque una de las mejores lecciones vitales y pictóricas se la dé otra pintora célebre y nonagenaria, Sofonisba Anguissola, cuando le demuestra la misteriosa y engañosa relación que siempre hay entre la verdad y la vista. Quizás Artemisia vio su futuro autorretrato en esa pintora casi ciega que se sintió prisionera en la cárcel de oro de la Corte Española. Cierto, quizás su viejo rostro actuó como un espejo premonitorio.

Ara de Haro nos muestra con prístina maestría algunas obras de Artemisia, y nos anima a reflexionar sobre el arte y la vida con una mirada lúcida. Nos habla del presagio que oculta y revela cada obra y cada retrato, porque no sólo se exponen los vicios y virtudes de los allí representados, sino que se prevén sus posibles destinos.

Artemisa en su autorretrato aparece con el rostro iluminado por la estrella de la genialidad. Y parece entregarse a su verdadero y fiel amante: el Arte.

Ara de Haro describe la composición y el carácter premonitorio de la primera obra personal de la pintura “Susana y los viejos”, donde los rostros de las tres figuras siguen el precepto griego arcaico de “dejar el rostro medio oculto”. Como en las buenas novelas, nuestra escritora Ara también sigue esa regla clásica. Y permite que la imaginación del lector respire y complete el retrato de su heroína, su cara oculta.

Artemisia tuvo dos hijas de carne, Prudencia y Floria, como muchas mujeres. Pero también tuvo muchas hijas de papel y carbón, de óleo y lienzo, como algunos hombres.

Judith con la cabeza de Holofernes fraternizando con su criada. Esther revolcándose en la ceniza, Lucrecia clavándose el puñal en el pecho…Los espíritus de estas heroínas impregnarían sus obras. Ellas son sus musas, sus hermanas.

En su tumba de artista inmortal, solo el tiempo no ha borrado su nombre de diosa, Artemisia, nacida de una violación como tantos dioses y héroes mitológicos. Deidad mortífera y vengadora. Virgen de perturbadores atributos masculinos.

La escritora Ara de Haro se  hermana con el fantasma de Artemisia para escribir este relato, hace de médium para que la pintora nos cuente su historia. Yo así lo creo.

Irene Gracia

Madrid 7 de Julio 2011

 

 

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