Crítica de El beso del ángel en El norte de Castilla

Lejos de los cánones

Irene Gracia hace en su última novela una fascinante apuesta por la creación de una nueva mitología, a través de un argumento complejo

Nos sabemos tocados por una especie de ángel protector cuando tras la lectura de un libro sentimos que volvemos de un mundo ajeno y al mismo tiempo propio, que nos ha sido revelada una parte escondida –o escindida– de lo que somos después de haber viajado –gratis total–  por territorios insospechados e ignotos. Algo así sucede cuando se cierra la última página de esta sorprendente novela de Irene Gracia, que nos pide que participemos en la búsqueda del origen del amor y el deseo en lo que de sobrenatural hay oculto en nuestro interior.

Alejada de todo canon actualísimo –¡por fin!–, poseída por la gracia de una naturaleza poco común, original y valiente, ‘El beso del ángel’ explora los conflictos que desde tiempos inmemoriales los seres alados mantuvieron con los hombres cuando lo mágico y lo místico convivían con la carnalidad y la pasión sensual más humanas. Sobre la peana de una fascinante inspiración –estoy segura de que la tan denostada inspiración ha alimentado algunos de los mejores párrafos de esta novela–, levanta Irene Gracia una estructura impecable: Thérèse Fuler, nacida en un manicomio con dos apéndices en su espalda cual atrofiadas alas, relata su extraordinaria vida y su pasión por un ángel llamado Adanel. Inspirada por lo que ella llama «las  voces que me precedieron en el tiempo: Apolina, Ledo y Dionisio» decide escribir sobre ellos con la intención de que los hombres lleguen a comprender los hechos históricos que aún no les han sido revelados, cómo los se-res alados lograron transmitirles el don de la pasión, el deseo y el amor y cómo el hombre ha participado de lo sobrenatural a lo largo de la historia. En la época en que los diosesmitológicos del paganismo griego transmitían al hombre «el arte de adivinar y los secretos del oráculo», Apolina, pitonisa en Delfos, mantiene una apasionada relación con Artemio, que no es otro queAdanel, ser angélico que muta y se transforma para adaptarse a la caída y llegada de las distintas civilizaciones, y del que tiene un niño, Ledo, nacido con el estigma del ángel. Esta vez en Creta, Adanel como cisne o como encantador de pájaros ama y posee a Ledo, del mismomodo que en Roma, con el cristianismo como creencia oficial, y bajo la forma de unamujer –Artemia Lisa, la Mona Lisa–, Dionisio, también un niño alado, es por ella seducido y puede dejar constancia de que el maravilloso misterio del arte de Leonardo da Vinci ha sido inducido por los mismos ángeles. Pues solo un ángel podría incitar a un genio a transmitir a través de sus pinturas «el misterio de lo real que, en el caso de los ángeles, se convertía en el misterio de lo sobrenatural» y a afirmar –con la conciencia de que lo místico alimenta lo sublime–: «Los ángeles existen, yo los he visto, pero tardaremos milenios en llegar a ser como ellos».

No podía faltar la mística hispana en este recorrido por el arte del vuelo interior y su relación con el amor y la pasión: «Los ángeles somos más espirituales que los hombres, pero también más salvajes».

Toda una fascinante apuesta por la creación de una nueva mitología tras la que se esconde un concienzudo esfuerzo por dar sentido y trascendencia a un argumento complejo, lleno de seres extraños, y a una desbordante imaginación.

Han pasado milenios desde que Irene Gracia alumbró las pasiones de los primeros seres alados, y quizá por eso sabe que es el momento de que alcemos con ella, bajo la seducción de su palabra, el vuelo.Hagámoslo con la lectura de esta peculiar novela ajena a los cánones imperantes. Porque he aquí una autora diferente que escribe como los propios ángeles, en un ejercicio valiente de autoafirmación, con una ligereza a veces trepidante, un mundo personalísimo y un estilo lírico eficiente y muy trabajado. Otra mirada sobre la historia, sobre lo onírico, lo fantástico, lo místico.

Pues nadie como ella sabe lo que significa volar sobre el mundo, pocos como ella saben crear una nueva mitología de la elevación interior basada en unos magníficos seres alados que seducen al lector por la complejidad y belleza de su deseo amoroso. Nadie como ella sabe que la pasión humana nos hace más humanos y al mismo tiempo más ángeles. Contra el dolor de una existencia precaria, el ejercicio de una lectura asombrada que nos devuelva el gozo de la infancia luminosa.

Yolanda Izar para La sombra del ciprés, suplemento cultural de El Norte de Castilla.  25 de Junio de 2011.

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