José María Pozuelo Yvancos sobre El coleccionista de almas perdidas

El collar de los cuentos

El libro de Irene Gracia no debe pasar inadvertido. En el sentido inmediato por lo que una obra ambiciosa tiene la primera responsabilidad de ofrecer: estar muy bien escrita y alcanzar a la vez una dimensión de originalidad. Pero en un sentido más mediato, habría que llamar la atención sobre la manera cómo tres escritoras españolas han ofrecido en un un par de años, un abanico muy sugerente de formas con las que avanzar apuestas arriesgadas en la narrativa. Me refiero a Menchu Gutiérrez, con Disección de una tormenta, Cristina Fernández Cubas con Parientes pobres del diablo y éste de Irene Gracia.

El mercado por supuesto las ignora, porque no es el tipo de escritura que pueda plegarse a un bestsellerismo poco complaciente con la complejidad, pero es un hecho destacable que hayan sido escritoras las que hayan ofrecido algunas de las apuestas más renovadoras, cada una por su lado, pero coincidentes en el poder de la inventiva no realista vinculado a una apuesta temática donde se explora lo onírico, lo diabólico, los lados oscuros del imaginario. El libro de Irene Gracia se sitúa frente a un tema de prosapia crecido en el tiempo en el que se sitúa la historia: los finales del XIX y comienzos del XX cuando cobra relieve, al calor de los avances cietíficos, la construcción de humanoides, expuestos en ferias, y en las Exposiciones Universales, como la famosa de París que alumbró la Tour Eiffel. El asunto es muy anterior y ha recibido tratamientos en nuestra literatura. Curiosamente otra novela de este mismo año, El autómata de Adolfo García Ortega, lo trata en el XVI, y en años anteriores lo hizo situada también en época de los Austrias, Juanelo o el hombre nuevo de Jesús Ferrero. Para Gracia el tema de la construcción de autómatas va cruzando diferentes etapas, que verán aparecer las figuras de Alejandro Magno, de Leonardo, de Descartes, de Julio Verne, de Freud. Es decir, va recorriendo etapas distintas de una mitología, la creacionista, la alianza de la técnica y la ambición por el dominio de lo humano. Unas veces esa mitología es simplemente onírica, y se resuelve en el pacto con el diablo, otras veces ha dado lugar a ingenios realmente fabricados.

Dar vida. Tan amplio recorrido proporciona el inconveniente mayor del libro: la difícil cohesión de las historias que no siempre se logra sin artificialidad. Pero tal inconveniente se salva con la disciplina de evitar leerlo como si se se tratase de una novela convencional. Esa cierta artificialidad de los vínculos, nos devuelve a una tradición narrativa como la de la novela-marco, que funciona como un collar de cuentos hilvanados, todos ellos espléndidos, y que se deben leer sin afanarse porque funcione demasiado bien la estructura de red, que es una convención, para dar trama al brillante ejercicio de mitos sobre los que el libro discurre y que podría denominarse La familia del cuentacuentos. La estructura marco, con la historia de Anatol Chat, está en negrita, y deja en letra versal los diferentes cuentos que alberga, a cual más eficaz y hermoso. Tienen la forma, lo recuerda la moraleja demandada por el oyente a su cierre, que tienen las colecciones de cuentos medievales.

Las historias se van sucediendo, según Irene Gracia ha discurrido, por los asuntos centrales del alma y los mitos de la creación humana: el origen del hombre y la mujer (al modo del Génesis), la ambición (el rey Midas reelaborado), el bien y el mal (la manzana de la discordia), el mito de la creación artística (las Musas), la contraposición arte/amor o en el cuento que narra Horacio moribundo a su hijo, el pacto con Mefistófeles para alcanzar la belleza total, etc. Hay otros: he espigado tan sólo algunas cuentas del collar que ofrece en este libro un recorrido hermosamente ilustrado por algunos de los mitos que, en forma de cuento o de fábula, se van acumulando para dar la almendra del corazón humano, epoca a época, y siempre con un leit motiv: el de la muerte, porque el otro mito, el que sirve para dar forma al hilo conductor, el de la familia de Horacio y Anatol Chat, vuelve al motivo recurrente que animó el Frankenstein de Mary Shelley: la construcción del alma que pueda dar vida al cuerpo de un automáta. En esta novela se logra, y resuelve, la forma trágica distinta a la del romántico monstruo. Se ofrece aquí su envés: el designio de la Belleza, que tal vez sea la otra cara, no menos desasosegante, del que creó Mary Shelley. Ambos con idéntica ambición de reclamar al padre que lo ha creado su sentido y su posesión.

Irene Gracia esboza una conclusión que permite leer su novela en una dimensión asimismo metaliteraria: quizá no quepa otra forma de decir el sentido de la ficción que esta manera de hilvanar con las palabras la construcción de automátas, que poseen a su dueño, y que tienen encerrados en sí, como personajes que pueblan la familia literaria, el secreto escondido de las mentiras, los deseos, las obsesiones, los sueños. Se resuelve el enigma que la novela esconde si concebimos la circularidad y contigüidad de la Creación con máyuscula y la creación con minúscula. ¿Quién no tiene algo de autómata y quién no es personaje soñado por alguien, único señor de los hilos que llamamos vida?

Suplemento cultural de ABC, Sábado, 7 de Octubre de 2006

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Comments
5 Responses to “José María Pozuelo Yvancos sobre El coleccionista de almas perdidas”
  1. jaime dice:

    Felicidades por el blog!Te he visto citada enhttp://www.salollibrebcn.com/blogs.aspA seguir así!Recuerdos de un nuevo lector.

  2. Noamanda dice:

    Saludos!Yo te voy a conocer el 15 en Guadix.Me encanta que haya mujeres que escriban libros fuera de lo común, imnovando en Literatura.Tendré que leerlo :)Felicidades!

  3. Musa_Valeska dice:

    Primero que todo Irene Gracia, es una gran escritora. En lo personal he podido absorber tan solo Mordake o la condicíón infame. He tratado de encontrar los otros libros en mi pais ( CHILE) y aún no doy con su paradero. Ahora logro entender porque de esto último, no se le da gran tribuna a la buena literatura que logra esta artista y otras mas. Por otro lado, Gran sitio yace aqui, gracias y besos a “Gracia”

  4. julia dice:

    Me ha encantado, desde el foro de ¡¡¡Abrete libro!!!, estamos dandote a conocer, y en breve llevaremos a la práctica nuestro compromiso.Es una pena que sea tan dificil conseguir tus otras obras obras.Por mi parte solo decir que me parece un libro magnifico.

  5. Cerezuelo dice:

    Qué peligroso escribirte, pero es que te pareces en esa foto a Natascha McElhone. La verdad es que no he leído nada tuyo pero tenemos una relación digamos que desequilibrada…

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